EL EVANGELIO DE DAMASCO: SPANISH VERSION OF THE GOSPEL OF DAMASCUS (SPANISH EDITION)







“Observad, que desde Siria empezaré a crear la nueva Jerusalén”. —

Epistula Apostolorum

I. En busca de un caballo de fuego


1
Me llamo Raqeem, uno de los ocho ángeles a quienes se les ha
confiado la tarea de facilitar el diseño de Dios en la tierra. En la víspera
del regreso del Ungido se rompieron siete sellos y se formó un caballo
de fuego con las palabras de los evangelios dorados. Como testigo de
estos acontecimientos me han honrado con la labor de compartir con
todos ustedes las maravillas que mis ojos han visto.



El barzakh es el Nivel Transitorio, una esfera cósmica en la que
viven los ángeles que han recibido instrucciones relacionadas con
la tierra. También es el lugar donde permanecen las almas humanas
hasta el Dı́a del Juicio. Al final de cada siglo hebreo se envían ocho
ángeles del barzakh a reemplazar a los ocho que han terminado su
misión en la tierra. Estos ángeles se conocen como los Guardianes
del Diseño. Mis siete compañeros y yo llegamos a la tierra poco
después de la puesta de sol del jueves 1 del mes tishri, año 5701, que
corresponde al 20 de septiembre de 1940 y al primer día de Ramadán
de 1359. Nuestra salida de la tierra está programada para el sábado 1
del mes tishri, año 5801, o sea el 8 de septiembre de 2040, o primer
día de Ramadán de 1462.
A pesar de tener forma humana, no comemos ni bebemos. Aun
así, podemos experimentar los dones sagrados de los hijos de Adán:
dolor y alegrı́a, risa y lágrimas. Tenemos protección contra la muerte,
pero no contra sus instrumentos. Nuestra sede queda en el Monte
Hermón, la puerta original del cielo según lo descrito en El Libro
de Enoc. A cada uno de nosotros se nos han confiado secretos de
carácter sagrado, tal como lo indican nuestros propios nombres. El
mío es Raqeem, que quiere decir “inscripción” y significa que mi don
consiste en conectar partes que parecen no estar relacionadas, como
letras que se convierten en palabras o sonidos que se combinan para
hacer música.


Durante casi veintiséis años, las tareas que se nos asignaron tenı́an
que ver generalmente con crisis ocurridas en varias regiones del
mundo. Sin embargo, mis compañeros y yo deseábamos una misión
muy diferente, una que preparara a la tierra para un acontecimiento
drástico cuyo impacto fuese significativo en la naturaleza y en la
intensidad de la espiritualidad humana. Aun ası́, todos tenı́amos
bastante claro el hecho de que tales misiones eran raras, y que muchos
antiguos Guardianes del Diseño habı́an llegado a la tierra y se habı́an
marchado del planeta sin el honor de que se les encomendara esa
tarea. Fue entonces que Wahi, quien no forma parte de nuestro grupo,
llegó de repente.


Podrı́a decirse que él es “el gran intermediario”, no sólo porque
tiene un rango más alto, sino también porque es nuestro vı́nculo con
la Voluntad Divina. Todo lo que ayudamos a desencadenar, y cada uno
de nuestros movimientos mientras permanecemos en este planeta,
se inspira en los mensajes que Wahi nos transmite. Cuando Wahi
llegó de la Séptima Esfera todos sabı́amos que se trataba de algo
importante. Es que tenı́a que ser algo importante. Aunque a ninguno
de nosotros lo han invitado allı́, estaba bastante claro que en aquel
lugar se tomaban y se anunciaban decisiones importantes. Bueno,
quizás las decisiones no se tomaban allı́ mismo, pero lo cierto es que
se anunciaban en ese lugar. Cada vez que Wahi se acercaba, se sentı́a
siempre una combinación extraña de viento y luz en el aire, como
una brisa eléctrica. Y su voz, esa voz a la vez cálida y lejana, iba a la
par de la sensación causada por su presencia. “Cada pergamino debe
abrirse en el momento indicado”, me dijo al entregarme una caja de
madera con pergaminos dorados, la caja reservada para la misión más
importante que se nos habı́a confiado. “Revelaciones periódicas”, era
la descripción que Wahi usaba para enfatizar la labor. Significaba a la
vez que el mensaje era de suma importancia y que ni siquiera yo, el
ángel encargado de supervisar las misiones desde lo alto, conocerı́a
su verdadero contenido hasta el final. Vi a Wahi desaparecer en el
brillante cielo que cobijaba el Monte Hermón y llevé los pergaminos
a mi cueva.


La caja de madera está hecha de ramas de sidrah, que es el árbol
del loto y marca las fronteras de la Séptima Esfera. Me llevé la caja a la
cara y respiré su olor sagrado. Adentro habı́a siete cilindros de cristal
bien organizados, y dentro de los cilindros estaban los pergaminos
dorados. Se sabe que ha llegado el momento de romper un cilindro
cuando este comienza a resplandecer, casi como una bombilla, pero su
brillo es mucho más hermoso. Cuando abrı́ la caja, uno de los cilindros
ya resplandecı́a. Para romper un cilindro es necesario sostenerlo
con ambas manos y ejercer presión en el centro. Está hecho de tal
manera que cuando se presiona se rompe como si se hubiese cortado
a la perfección con una sierra eléctrica. El primer cilindro tenı́a dos
pergaminos dorados, cada uno con números que indicaban cuál
deberı́a abrirse primero. Aunque sabı́a que estas finas láminas de oro
no pueden romperse ni rasgarse, desenrollé el pergamino número
uno con sumo cuidado. Tenı́a grabadas las siguientes palabras:
En la ciudad de Cristo va a nacer un caballo de fuego, de la matriz
de una mujer hugonote y la semilla de un Caballero uzbeko.
No se trataba de un enigma, al menos no uno intencional. No existı́a
la expectativa de que yo lo considerarı́a difı́cil de comprender. Las
palabras elegidas para estos mensajes reflejaban lo que es importante
para la Voluntad Divina, es decir, los elementos más esenciales. De
todos modos, pocas veces me parecı́an fáciles de comprender estos
mensajes, y este no era la excepción. Tenı́a que seguir las pistas, y
la primera era el caballo de fuego. Sabı́a que el caballo de fuego era
el nombre de uno de los años del calendario chino, pero tenı́a el
presentimiento de que habı́a mucho más por descubrir. Por eso, era
hora de encontrar a Fei.


Cuando nosotros, los Guardianes del Diseño viajamos, el destino
se apresura a recibirnos. Damos un paso y de repente estamos
donde debemos estar. Algunos humanos han recibido este don. En
la tradición judı́a a ellos se les conoce como kefitzat ha-aretz, que
significa aquellos para quienes la tierra “saltó”. De acuerdo con las
enseñanzas de los rabinos: “Para tres de ellos la tierra se encogió:
Eliécer, el sirviente de Abraham, nuestro padre Jacob y Abishai, hijo
de Zeruiah”. En la tradición islámica mı́stica se los conoce como ahl
al-khitwa, que significa la “gente del paso”.


También podemos hacer que la gente se comporte de cierta
manera, pero eso es algo que tratamos de evitar a toda costa porque
cada persona tiene un distinto de grado de disposición a que se la lleve
por determinada vı́a. Pocas veces su conducta refleja el punto hasta el
cual deseamos que hagan algo. Sin embargo, esta noche es diferente.
El hombre que yo querı́a conocer habı́a perfeccionado el arte de
aceptar subterfugios angélicos. De un paso llego a Hangzhou, una
ciudad de China cercana a Shanghái. Entro al restaurante Louwailou,
nombre que significa la “Torre más allá de la Torre” y queda a orillas
del Lago Occidental. No me sorprende para nada encontrar a Fei
sentado allı́, con una sonrisa en el rostro.


“Ası́ que querı́as verme. Ya he pedido comida: camarones con té
verde Dragon Well. Nadie debe terminar sus dı́as sin haberlo probado.
Y tú todavı́a insistes en tu norma de no comer”.
“Mira, Fei, si pudiera comer, te aseguro que no serı́an camarones
lo que me llevarı́a a la boca”.


Al relacionarnos con humanos tomamos varias formas. Nuestras
facciones cambian en el momento mismo en que imaginamos a
la persona en que deseamos convertirnos. Sólo nos presentamos
ante unos cuantos elegidos como lo que realmente somos: ángeles
con forma humana. Fei era uno de los elegidos, pero si alguna vez
considerara seriamente compartir nuestro secreto con alguien, sus
recuerdos de nuestros encuentros se borrarı́an instantáneamente.
“Entonces, Raqeem… sospecho que lo que necesitas es que te
hable de la astrologı́a china”.
“Ası́ es, Fei. Dime si el año del Caballo de Fuego es especial de
alguna manera”.


Fei era un hombre bien informado y elocuente. Me lo habı́a
presentado Mizán, el ángel a quien le han confiado los secretos de la
sabidurı́a. Es uno de mis compañeros en el Monte Hermón. El mundo
de Fei giraba en torno de la astrologı́a, y su franqueza conmigo hacı́a
precisamente que hablara sin preámbulos sobre los temas que más
me interesaban.


“A diferencia del año del Caballo, que sucede cada doce años, el
año del Caballo de Fuego sucede cada sesenta años. El último año del
Caballo de Fuego fue 1906, y el siguiente comenzará dentro de una
semana, el 21 de enero de 1966, y terminará el 8 de febrero de 1967”.
“¡Qué interesante!”
“Los niños que nacen en el año del Caballo de Fuego son, por
decirlo en palabras simples, caballos extremos. Tienen todas las
cualidades de un niño nacido en el año del Caballo: el individualismo,
el amor por la libertad, el odio a la mediocridad… pero todo ello con
mayor intensidad. El resultado es una criatura peligrosa destinada a
volverse famosa o notoria. Un ser portador o bien de tragedia, o de
fortuna espectacular. En serio, ¿a quién le interesa correr semejante
riesgo? Por eso algunas mujeres que se supone deben dar a luz pronto
planean abortar”.



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